Morir de ego

Desde Asturias llega Jessica Buelga para darle vida a mi blog en este 2018. Un año de cambios y de prioridades. Menos mal que mis amigos me hacen estos regalos para alimentar mi casa digital. Gracias Jessica por este regalo tan personal y tan necesario… Morir de ego, toda una lección de esta gran mujer a la que admiro por su frescura (podría ser del sur perfectamente jeje) y su generosidad. Siempre dispuesta a ayudar desde ese #FrenteAsturiano, esa conexión tan bonita que espero poder tocar con mis manos muy pronto.

Pues eso… Morir de ego. Que lo disfrutes y lo reflexiones… ¡Gracias preciosa!

Morir de ego

Morir de ego

El ego, ese ente del que te todos hablamos y damos consejos sobre cómo gestionar para mantener equilibrado, mientras es engullido por el nuestro propio. El ego, esa parte del ser humano de la que presumimos tener bajo control y nos lleva a callejones sin salida de manera constante.

Sí, lo sé, el ego ha de existir, es condición humana, pero… ¿por qué hablamos continuamente de él como si fuese un animal doméstico cuando en realidad es una bestia indomable que se apodera de nosotros?

Cansada de leer sobre cómo gestionar egos ajenos (importante, nunca el propio, no vaya a ser que no pueda/quiera), hastiada de encontrarme con lecciones magistrales sobre el daño que hace un ego sobredimensionado a las organizaciones y a las relaciones, y sobre todo aburrida de que siempre se hable en tercera o segunda persona (siempre son los demás los que tienen el ego desbocado, nunca yo misma), me he decidido a desnudar mi ego para ti.

Como una cura de humildad que todos necesitamos en algún momento (o en muchos), me voy a quitar aquellas capas de ego que veo tan a menudo en mi sector (sí, sí, en el mío que tanto vende y proclama la gestión de egos y personas, que es más sangrante aún).

Y voy a ser tan sincera como me permita el propio ego, porque por mucho que profundice en el autoconocimiento y me lo curre como una campeona, qué quieres que te diga, pues que todavía me falta para ser experta en mí misma. Con lo que ser experta en autoconocimiento así en general, peor me lo pones.

Morir de ego

Pues verás, por mucho que digamos que nos gusta rodearnos de personas que brillen más que nosotros, de las cuales aprender, bla, bla  y bla… yo he sentido miedo. Me encanta aprender, mejorar y crecer y eso sólo es posible si te rodeas de personas mejores que tú, que te impulsen a ello, pero sí, he tenido miedo. Miedo de no llegar a cumplir mis y sus expectativas, miedo de los agravios comparativos, miedo del aprovechamiento fruto de la desconfianza. No es todo el tiempo, se lucha contra ello y se vence, pero no siempre se consigue. Y quien te diga lo contrario miente, o eso creo…

Y hablando de egos, con el éxito hemos topado y con las prisas de crecer, de sumar seguidores, de engordar los perfiles y las cuentas bancarias. No me vengas ahora con que hay que hacerlo de corazón, porque no te lo crees ni tú y de paso, ni yo. Cierto que lo hago con el corazón porque me gusta mi trabajo, y me vuelco para que salgan bien las cosas, porque con ello se pone en juego mi profesionalidad, mi imagen y la confianza depositada en mí…Sigo rascando que cada vez escuece más. Y al ponerse en juego mi profesionalidad,  puede verse perjudicado mi orgullo, mi valía, mi yo, vamos mi ego. Que de paso, también velo por los intereses de las personas que componen y dan forma al proyecto, eso nunca se olvida, pero que lo hago con mi ego guardado en una caja fuerte a buen recaudo…como que no.

Es entonces cuando llega un día en el que me doy cuenta de el éxito puede ser la tumba, me voy a morir de éxito, de que me voy a morir de ego! Y total, ¿para qué? ¿Me compensa? ¿Compensa a quienes me rodean? Aquí sí que me trabajo bien el ego, lo doblo según los criterios de la japonesa Marie Kondo y bien plegadito al cajón. Pero admito que esta gestión, me viene como resultado de haberme visto fuera de mí misma, incluso fuera de control por miedo a ver dañado mi ego, ese del que presumo manejar tan bien.

Morir de ego

No soy perfecta, hace tiempo que lo sé, pero me fastidia admitirlo según en qué aspectos! Me gusta hacer las cosas con buenos resultados, que sean valorados por las personas que me importan, me encanta encontrarme con gente que coincida conmigo en valores. Vamos, que me gusta alimentar mi ego y protegerlo, y como ya he admitido que no soy perfecta, puedo permitirme el lujo de decirlo así, tal cual. Yo soy la principal “culpable” de que mi ego aumente de tamaño  y lo hago de manera consciente e inconsciente. Luego se me va de las manos y ya no me gusta tanto, ahí es donde tiro de abuela materna, que es la persona con mayor capacidad que conozco para reajustar el tamaño tu ego de un plumazo, te deja como nueva (cosas de la genética de la cuenca del Nalón). Y si aún así se resiste, siempre me queda mi marido que me hace bajar de las nubes con tan sólo mirarme o mi madre al hacer ver que no sabe realmente a qué narices me dedico. Para ese ego fuera de sí, una buena dosis de realidad y quedo como nueva. Sería ideal que siempre fuese yo la que llegase a esta conclusión por mí misma, pero ya he vivido algún episodio donde mi ego me ha cegado y he llegado a rozar la enfermedad por exceso de trabajo o agotamiento mental. Y sí, esto también son problemas a la hora de gestionar mi ego.

No te creas que ha sido fácil sentarme a contarte esto, yo me que las doy de ser una apasionada (qué pesados somos con la pasión, de verdad!) del autoconocimiento y buscadora empedernida de la aplicación de la gestión emocional. Yo, que escribo post quincenales con recomendaciones y te acerco la teoría a la práctica. Yo… he de admitir que, como tú y como el resto de mortales, nos encanta alimentar nuestro ego.

Jessica Buelga

Marca Personal: del ego a la generosidad

 

Estrenar el blog en 2017 con un post de Mercedes Romero es todo un lujo. Y si además habla de mi tema favorito, es aún mejor. Marca Personal: del ego a la generosidad.

Conocí a Mercedes a través de las redes sociales y no tardamos mucho en desvirtualizarnos en el #EBE15. Desde entonces, casi no nos hemos separado. Tenemos intereses comunes y nos compenetramos bien. Lo que más me gusta de ella es la pasión que pone en todo lo que hace. Es una de las personas más coherentes que conozco, auténtica 100%.

En este post, abre su corazón como solo ella sabe hacerlo. Espero que os guste tanto como a mi… ¡Gracias por este regalo!

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Foto: Manuel Morillo

Cuando aterricé en las redes sociales allá por 2012 no tenía muy claro cómo ni porque había llegado allí, simplemente escuché que era bueno tener un perfil profesional visible y ni corta ni perezosa me lancé, así, sin paracaídas y sin curso de vuelo previo.

Por supuesto, yo en aquellas fechas ni había oído hablar de Marca Personal, ni tenía constancia de lo que era o implicaba aquel término.

Por aquel entonces, lo único que me preocupaba, he de decir que mi empresa estaba inmersa en un feroz expediente de regulación de empleo, era que el estar ahí en Facebook, y más tarde en Twitter, me facilitaran el poder acceder a un nuevo puesto de trabajo, ¡pobre ilusa! cómo si la simple presencia profesional o personal en redes sociales y su influencia fuera concluyente a la hora de un proceso de selección.

¿Pero, qué se comparte en un perfil profesional? Por supuesto yo lo tenía claro, únicamente artículos o fotos profesionales, nada de fotos con amig@s, nada de fotos con mi pareja o con mi hija y por supuesto, ni se me ocurría dar mi opinión en nada que no fuese estrictamente profesional.

Pues así estuve durante casi un año, compartiendo a diestro y siniestro artículos sobre mi área profesional, alguna que otra vez, compartía posts de otros profesionales, pero sinceramente, muy pocas veces, porque al fin y al cabo, ¿a quién había que darle visibilidad,  a mí o a otr@s? Tengo que decir, que durante este tiempo, no obtuve absolutamente ningún resultado, ni bueno ni malo en clave de oportunidad laboral.

Poco a poco empecé a escuchar hablar de estrategia, presencia, contenido, posicionamiento, blogs y mucho más sobre Marca Personal y otros muchos términos que  a mí me sonaban a auténtico chino mandarín.

Durante un tiempo aquel perfil profesional fue adquiriendo un tinte poco más que deshumanizado, era como una ventana sin vistas, no tenía nada nuevo que ofrecer, más que artículos y  noticias, que ya las compartían otras webs y otros profesionales, como si fuera suficiente publicar o viralizar artículos técnicos para empaparme de aquella supuesta profesionalidad.

Entonces tuve la inmensa suerte y la oportunidad de colaborar para una web de empleo escribiendo sobre mi área de trabajo, aquella sí que sería una oportunidad real para demostrar qué tipo de profesional era, y las redes sociales, y aquellos perfiles insulsos de Facebook o de Twitter, serían las herramientas perfectas para poder mostrar mis competencias al mundo. Ahora sí, tendría esa visibilidad que tanto anhelaba. Y empecé a escribir, y empecé a publicar y también empezaron a llegar, felicitaciones y enhorabuenas, otros profesionales del sector compartían mis artículos, y éstos empezaron a tener tráfico, mucho tráfico y, conforme iban creciendo mis contactos profesionales y mi número de seguidores en Twitter,  también iba hinchándose mi ego…

Honestamente, y durante un tiempo, aquellos artículos no tenían más finalidad que ser un tanque de tormentas para seguir almacenando mi alter ego… Mi reputación profesional crecía, sí, pero yo me sentía vacía, no podía mostrarme tal y como era, mi lado personal, mi parte más esencial no aparecía por ningún sitio y mi otra mitad estaba escondida.

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Foto: José Emilio Gómez Losada

Porque el ego es como el azúcar que en grandes dosis, amarga…

Sí, ya sé que todos tenemos nuestro ego, la diferencia radica en la forma que tenemos de trabajarlo, reconozcamos que desafortunadamente, las redes sociales se han convertido en un instrumento perfecto para disparar nuestros niveles de egocentrismo.

Pero, como todo pasa por algo, un día llego a mí un artículo de Eva Collado sobre Marca Personal con el que me sentí muy identificada, venía a decir algo así como que la marca propia debe contener el equilibrio adecuado entre egocentrismo y generosidad. Una correcta y honesta estrategia en la que trabajemos ambas vertientes, hará que nuestra marca personal no sólo sea (re)conocida, sino apreciada por el resto de personas que forman nuestra comunidad.

Con el paso del tiempo, y como no podía ser de otra forma, terminaron aflorando (mis) valores, esos que como el aceite, siempre terminan quedando arriba, por encima de todo lo demás: y entonces decidí no hacer nada que no supusiera diversión, empecé a sentir un inmenso respeto por lo que hacían los demás y me di cuenta que sí necesitaba compartir lo que ell@s hacían, sus artículos, sus puntos de vistas con la gente que me seguía, que aquello no solo no me restaba, sino que compartir lo de otr@s sumaba, la honestidad y la toma de consciencia, reconociendo todo aquello en lo que tenía que mejorar ¡que era mucho! Poder contribuir con lo que tú sabes hacer para facilitarles a otros la labor, por ejemplo en la búsqueda de empleo, o ante una entrevista de selección, el reconocimiento, pero bien gestionado, y me refiero al reconocimiento a otros profesionales de los que aprender, la integridad, la responsabilidad que tenía (y tengo) no sólo como profesional, sino como madre, trasmitiendo a mi hija y a otros la generosidad como un valor vital, porque si tú das, recibes, si tu ayudas, te encontrarás con muchas manos tendidas cuando lo necesites…

Estos años en las redes me han enseñado muchas cosas, pero si me tengo que quedar con un aprendizaje es que, nuestros valores siempre están al frente de nuestra marca personal, y guían nuestra conducta,  nuestra forma de proceder, y no puedes saltártelos por mucho que te empuje tu ego o tu afán de protagonismo.

Y así fue cómo empecé a gestionar mi Marca Personal, pasando del ego a la generosidad, siendo yo misma, abriéndome en canal cada vez que escribo o doy a un simple “me gusta”, con el corazón siempre en la mano, en el 2.0 y en el cara a cara, sin caretas ni artificios y te puedo asegurar que los beneficios y las oportunidades han ido llegando con este cambio de paradigma.

Porque al final la grandeza no se mide por lo que dices que eres, sino por todo lo que das.

Mercedes Romero

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