Cuando te veo brillar

Septiembre trae un nuevo regalo a mi blog. Este mes de cambios y oportunidades, no puede tener mejor anfitriona que mi querida y admirada, Almudena Lobato.

Almudena es una de esas personas que irradian luz allá por dónde pasan. Es un regalo tenerla cerca. Como sabéis, este espacio está destinado a mi gente y ella hace tiempo que forma parte de mi familia. Referente profesional y, sobre todo, personal. Las redes sociales hicieron que conectaramos y #SilviaTeOrienta hizo el resto. Para mi, es un lujo contar con ella y espero que disfrutéis tanto como yo de su luz… ¡Gracias por el regalo!

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 Cuando te veo brillar

“Hay dos maneras de difundir la felicidad,

ser la luz que brilla

o el espejo que la refleja”

Edith Wharton.

Te miro escondido, tras de ti… al menos tras ese tú que enseñas cada día. Ese tú pequeñito, ese tú que apenas enseña sus ojos tras ese muro que tú mismo has creado.

Hay muros y muros…

El muro más alto, el más fuerte, el que más engulle cuando te acercas a él, ese nace de ti. No hay mayor muro que aquel que te aleja de ti mismo, que aquel que te hace sentir pequeño.

Los otros muros, los que tienen forma de zancadilla, esos que te pone la vida  y que a menudo te ponen otros (esos otros que tapan con sus dedos cualquier atisbo de luz que nazca de alguien diferente a sí mismo)… esos son como muros de arena a la orilla del mar,  esos muros siempre terminan cayendo, esos muros caen cuando tú decides avanzar sin miedo.

Y los tuyos… los tuyos son tuyos, tan tuyos que sólo tú puedes decidir cuando derribarlos. Esos enormes muros que separan lo que muestras de lo que eres, lo que eres de lo que puedes ser.

Cuando te veo brillar…

Qué no te veas brillar no significa que yo no te vea, que los demás no te vean. Tenemos la mala costumbre, todos, de ser nuestros peores jueces. Tenemos la mala costumbre de escondernos detrás de nuestros miedos más intensos. Costumbres…

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Las costumbres se cambian. Hay costumbres que es bueno revisar y cambiar, sobre todo aquellas que te limitan y te hacen ensombrecer. Hay costumbres que hay que dejar de alimentar, para dar de comer a otras mejores. La mejor costumbre es sin duda sacarte brillo cada día. Sácate brillo al levantarte por la mañana y al irte a dormir. Dos momentos para pulirte,  uno para recordarte que hoy es una nueva oportunidad, otro para valorar todo lo bueno que hubo en él, para valorarte, para cerrar los ojos con la sonrisa de quien se pule para brillar cada día.

Cuando no te ves brillar…

Qué tú no veas tu valor significa que tú no lo ves, no que no lo tengas. Cambia de gafas, limpia de telarañas tus ojos, aclara con agua limpia tu mirada, mírate de nuevo… ahora con más aprecio.

Brillas, sí, también cuando te ves pequeño. Brillas, incluso cuando no te ven, cuando andas escondido dentro de tu bolsillo, casi sin aire para abrir pecho y decir “aquí estoy, este soy yo”.

Cuando yo te miro… te veo… te veo tan grande, más que cualquier muro. Cuando yo te miro… te veo brillar. Y  brillas cuando yo no te miro, porque tú brillo es tuyo y no mío, porque brillas aunque tú no te veas.

Brillas

Brillas cuando tropiezas y aún más cuando te permites crecer con ello. Brillas cuando aciertas y cuando no, brillas cuando dejas a tu paso algo bueno. Brillas cuando te ves, porque sólo puedes ver aquello en lo que crees, porque sólo puedes verte cuando crees en ti y sólo entonces, tú puedes ver tu brillo.

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Creer en ti, es una elección. Creer en ti es ser consciente y apreciar aquello que te hace único, descubrir dónde está tu valor. Es importante que  tengas muy claro que tu valor no es un baño de ego, no es mirarte con adulación, ni creerte mejor que otro. Tu valor es ser valioso para otro, es dar más siendo tú. Tener valor es dar. Tener valor es dar valor a los demás.

A veces el mejor camino  es el que está más cerca, el que se hace mirando hacia dentro.  Más cerca que no más fácil, tampoco difícil, más hacia dentro, más hacia ti, más contigo.

“Cuando te veo brillar… te veo.

Ahora te toca a ti,

brilla para verte,

mírate para brillar de nuevo”.

 

Un saludo y buen camino.

Almudena Lobato

 

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